El último amanecer
Los corazones de los cuatro latían al unísono.
Los nervios estaban ahí, como era de esperarse.
¿Estarían realmente preparados para lo que venía? No podían saberlo. No había certezas, solo una convicción compartida: ese día, lo darían todo.
No importaba a qué se enfrentaran.
Ni siquiera sabían con exactitud qué los esperaba.
Pero sí sabían por quién valía la pena luchar.
Por quién vivir. Y, si fuera necesario, por quién morir.
Entonces Nicco tomó su guitarra.
No dijo una palabra. Solo dejó que la melodía hablara por él.
Sus notas comenzaron a envolver al grupo como un manto invisible, cargadas de luz, defensa, fuerza y coraje.
Una armonía que preparaba no solo sus cuerpos… sino sus almas.
Letra: El último amanecer
El sol nos observa desde su trono dorado,
la luna espera, fría, a su costado.
Somos cuatro almas, unidas por el destino,
caminando al borde de lo divino.
El viento murmura leyendas pasadas,
de almas valientes y tierras sagradas.
Hoy somos el fuego que rompe cadenas,
la voz persistente que nunca se frena.
Hoy desafiamos lo imposible y lo cruel,
con fe en el corazón y sangre en la piel.
No somos de acero, pero somos reales,
somos mucho más que simples mortales.
La sombra del miedo se cierne en el suelo,
pero en nuestras almas se alza el fuego.
Los dioses nos miran desde lo alto,
esperando el momento en que demos el salto
Las montañas lloran, los ríos se agitan,
el tiempo se rompe, las estrellas gritan.
Pero aquí estamos, de pie y enteros,
con corazones firmes y sueños sinceros.
Hoy desafiamos lo imposible y lo cruel,
con fe en el corazón y sangre en la piel.
No somos de acero, pero somos reales,
somos mucho más que simples mortales.
Eric, el pilar, el faro en la batalla,
Nath, el abrazo, la esperanza que no falla.
Lea, el relámpago, el poder que despierta,
y yo, la canción, que la historia interpreta.
No somos perfectos, no somos divinos,
pero en este día trazamos caminos.
Unimos las almas, elevamos los sueños,
y enfrentamos al destino sin dueños.
Si este es el final, que sea brillante,
si caemos hoy, que sea vibrante.
Porque el amor que guardamos nunca muere,
y el sol, al final, también se detiene.
